“Vístete para el trabajo que quieres, no para el que tienes”.

Esta frase la he leído muchas veces, y aunque se refiere al aspecto profesional, aplica para mucho más.

Vivimos en un tiempo donde, afortunadamente, la lucha por la equidad entre hombres y mujeres ha empezado a dar frutos. Una época donde campañas como #MeToo han visibilizado el trato denigrante que en muchas ocasiones han recibido las mujeres. También hemos ganado terreno, y hemos traspasado los límites que nos ponían las paredes de nuestras casas, para abarcar más en el mundo laboral.

Entonces, como mujeres, nos toca evaluar cómo queremos ser percibidas ante los ojos de los demás.

Hace unos años vi la película Sully, dramatizada por Tom Hanks, donde cuentan la historia real del piloto que hizo un impresionante aterrizaje de emergencia en el río Hudson, en Nueva York. Me llamó la atención que, después de evacuar a todos los pasajeros, se puso su saco de piloto antes de él mismo abandonar la nave. Él sabía la importancia y el poder que tiene la forma en que nos proyectamos. El respeto y la confianza que eso despierta en los demás.

Pienso que, como mujeres, siempre debemos recordar eso. Estar a la moda no es sinónimo de andar destapada. Vestir con recato no es lo mismo que ser aburrida.

Es posible divertirse con la ropa, sin olvidar que cada atuendo que escogemos habla de nosotras antes que digamos una palabra.

Sarita Esses

Autora de la columna y libro Café con Teclas 

https://www.cuanto.app/cafeconteclas

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